lunes, 10 de octubre de 2011

HOMILÍA DEL ARZOBISPO DE OAXACA ANTE LAS RELIQUIAS DEL BEATO JUAN PABLO II


HOMILÍA ANTE LAS RELIQUIAS
DEL BEATO JUAN PABLO II

Homilía de Mons. José Luis Chávez Botello, Arzobispo de Antequera-Oaxaca.

Tengo preparado el banquete… todo está listo. Vengan a la bodaPero los invitados no hicieron caso” (Mt. 22,1-10). Sumos sacerdotes, fariseos, ancianos no comprenden a Jesús; lo rechazan, lo atacan. Parábola del Reino: un banquete de bodas, un rey el anfitrión, bodas de su hijo, invitados con tiempo “predilección”, los motiva: vengan al banquete, todo está listo. El rey representa a Dios quien tiene mucho que dar. Banquete: signos de vida integral y abundante, cercanía, comida, alegría, música, fiesta, vino; banquete de bodas: ayuda mutua, compartir todo, amor, familiaridad. El hijo del rey representa a Jesucristo en su boda-alianza con la humanidad.     

Reiteradas invitaciones. “Pero los invitados no hicieron caso”. Unos porque se centran solo en sus cosas o en hacer dinero “Uno se fue a su campo, otro a su negocio… los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron”. Muestras claras de estar contra el rey. Reacción del rey: abre de par en par las puertas de su casa, convida a todos al banquete de bodas, malos y buenos; evoca como Jesús invita y acoge a todos. cfr. primer milagro-signo en un banquete de bodas, las comidas con Zaqueo y con Mateo. “Salgan a los cruces  de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren”. ¿Cómo no reconocer en el Beato Juan Pablo II a uno de los servidores fieles  que incansable salió a los cruces de los caminos para invitar a todos  al banquete del Señor?

Juan Pablo II impulsó una  renovación profunda en la vida cristiana centrándonos en la persona de Jesucristo, enderezó, purificó, y fortaleció la vivencia cristiana con su abundante magisterio, con los 104 viajes apostólicos a diferentes países, con los Congresos Eucarísticos Internacionales, los Sínodos para los Obispos, los Encuentros Mundiales con las Familias, las Jornadas Mundiales de la Juventud, las visitas pastorales a las parroquias de Roma su diócesis. En los 1338 beatos y 482 santos que canonizó, nos presentó guías y modelos seguros para estimularnos a caminar siguiendo a Jesucristo.

La vida de calidad de las personas siempre se proyecta a su alrededor y en la sociedad; los desborda. Una vida que no se proyecta está débil, no ha madurado o no es auténtica. Los santos experimentaron y nos muestran la verdad de las palabras de Jesucristo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn.10, 10). El Beato Juan Pablo, porque se alimentaba de Jesucristo, desbordaba vida en abundancia, de ahí su dinamismo y proyección, sus diálogos con diferentes líderes y sectores de tantos pueblos, culturas y creencias; los acercamientos y acciones significativas como la Jornada de Oración por la paz con líderes de diferentes Iglesias desde Asís, sus múltiples y creativas iniciativas.

Los santos se muestran siempre comprometidos en el mejoramiento de la vida de las personas y de la sociedad; el Beato Juan Pablo así lo mostró en la lucha por defender la vida, la dignidad de la persona y los derechos humanos, el cambio de la política en Polonia, la caída del comunismo y del muro de Berlín que trajo la unificación de Alemania; su presencia en muchos países abrió perspectivas, ayudó a levantar la mirada más allá de las propias fronteras, creencias o ideas; se esforzó por el acercamiento especialmente de las grandes religiones monoteístas: judíos, cristianos y musulmanes; en 1983 expresó su anhelo de unir a palestinos e israelíes en una carrera por la paz.

Todo está listo. Vengan a la boda”. Hoy, a través de la vida del Beato Juan Pablo, el Señor Jesús nos hace esta invitación a todos los que vivimos en Oaxaca, a todos los que nacieron y crecieron en estas bellas tierras. Invitación a todos los migrantes oaxaqueños que residen en otras ciudades de México y de los Estados Unidos, algunos siguen esta celebración por los Medios de Comunicación; desde aquí nuestra oración por ustedes, nuestra gratitud por lo que hacen no solo por su familia sino también por sus comunidades de origen y por Oaxaca. Recuérdenlo, el Beato Juan Pablo nunca olvidó Polonia, su compromiso decidido en la transformación social y en el mejoramiento de su país y de otros países fue hasta su muerte. Necesitamos la aportación de todos y dar señales patentes de que queremos realmente a Oaxaca.

Esta invitación es también para los enfermos. Imploramos la intercesión del Beato Juan Pablo por su salud; ustedes pueden hacer mucho por la vida cristiana y social de Oaxaca poniendo su vida en manos de Dios como ofrenda y acompañándola con la oración. Su ofrenda y oración son indispensables para levantarnos y mejorar todos.

Vengan a la boda”. Aceptar la invitación al banquete del Señor comporta deponer las armas que dañan vidas y matan. En Oaxaca nos ha dañado mucho la corrupción, la irresponsabilidad social, la violencia en sus múltiples rostros y el individualismo agresivo. Son armas que han dañado ya gravemente las instituciones fundamentales de la familia, la educación, la política, la economía y la vida social; somos testigos de cómo estas armas han llevado a organizar el mal y la violencia para arrebatar a los demás el fruto de su trabajo con robos, fraudes, extorsiones, secuestros y asesinatos. Son armas tan efectivas que pareciera que ya nos acostumbramos a sufrir sus daños sin defendernos y sin saber cómo poner un hasta aquí.

Muchos mexicanos buscan, como a tientas o desesperados, la superación y su desarrollo por caminos equivocados. Necesitamos dar a la justicia y a la paz otras armas que no sean las destinadas a infundir  miedo, a subyugar y a matar; necesitamos empuñar las armas de la educación en calidad con valores, del respeto y aprecio a la vida, de la verdad, del diálogo honesto y de la responsabilidad social.

Desde su experiencia personal, el Beato Juan Pablo nos mostró que sólo en Jesucristo es posible encontrar la paz y mantener la vida auténtica en abundancia; por eso, donde se hace a un lado a Jesucristo la vida se deteriora, la sociedad se va desintegrando y resquebrajando. De ahí sus palabras desde el inicio de su misión como Pastor Universal: “No teman, abran todavía más, abran de par en par las puertas a Cristo. Cómo no escuchar hoy a Cristo”: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14, 6); “Vengan a mí todos los que están fatigados y abrumados por la carga, y yo los aliviaré” (Mt. 11, 28).

En un ambiente tan sensible al valor de la inclusión y a las luchas contra la exclusión sería importante revisarnos, ser coherentes para incluir a Dios en nuestra vida y no pretender excluirlo de la vida social; ni Oaxaca, ni México pueden entenderse sin la religión porque es parte integrante de nuestra historia e identidad. Los hombres y las mujeres nunca podrán comprenderse integral y armónicamente sin Dios.

“Vengan a la boda”. Pongámonos en camino guiados por el Beato Juan Pablo, empuñemos las armas de la verdad y del bien buscando siempre la justicia social, el bien común y la unidad en cada familia, en cada comunidad, en cada región y en todo nuestro Estado de Oaxaca. Combatir la impunidad, la violencia y la injusticia social es tarea permanente de todos pero especialmente de los gobernantes y líderes  sociales. Necesitamos rescatar y asegurar el piso de los valores fundamentales, la orientación clara para transitar con decisión a una vida de mayor calidad. Necesitamos sembrar semillas de justicia y de paz en las ocho regiones. El Beato sembró muchas semillas y trabajó arduamente en cultivarlas.

Ningún creyente sincero, sea cual sea su condición y lugar que ocupe en la sociedad y en la Iglesia, puede quedarse al margen de estas tareas; ante el Beato Juan Pablo entendemos que ninguna religión, y menos la católica, puede justificar la violencia, asumir posturas irresponsables que dañen a la sociedad, que marginen o excluyan a otros.

Los jóvenes y adultos tienen la responsabilidad de usar su fuerza física y su trabajo para construir, no para destruir. Los profesionistas nunca deben olvidar que la mayor parte de sus estudios se pagaron con los impuestos de todos los ciudadanos y, por justicia, están más comprometidos a impulsar la justicia social y el bien común con sus conocimientos y capacidades.

Los gobernantes y todos los que tenemos alguna responsabilidad en la sociedad y en la Iglesia tenemos que exigirnos más para responder juntos a los gritos de emergencia de tantos hermanos que no cuentan con lo indispensable para satisfacer sus necesidades fundamentales, por estar secuestrados por injusticias, la violencia y la corrupción; desde décadas esperan quien les tienda la mano y los conduzca al banquete de vida auténtica y abundante.

Hoy, al pasar cerca y tocar la urna que contiene las reliquias del Beato Juan Pablo, no olvidemos expresarle nuestra necesidad personal pero también la urgencia en Oaxaca de una vida cristiana más fiel y madura, de una sociedad oaxaqueña más justa y solidaria. Es en el Banquete de la Eucaristía donde el Señor se nos da como alimento para tener vida, es en ella donde se forjan hombres y mujeres que aprenden a amar sirviendo y a servir amando; en ella se forjaron los santos.

Suplicamos al Beato Juan Pablo sea nuestro guía e intercesor principalmente en esta coyuntura de violencia y de transición. Recordamos sus palabras de despedida “Me voy pero no me voy, me voy pero no me ausento, porque aunque me voy, de corazón me quedo”. Sí, quédate con nosotros para ver más allá de nuestros problemas y resentimientos, para aprender a vencer el mal con el bien y querernos, para abrirle de par en par las puertas a Jesucristo. “Todo está listo. Vengan al banquete”.