sábado, 10 de diciembre de 2011

NUEVO ARZOBISPO PARA LA ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA


NUEVO ARZOBISPO PARA
LA ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA

Comunicado de Prensa emitido por la Secretaría General (SEGECEM) de la Conferencia del Episcopado Mexicano.


La Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano comunica que Su Santidad Benedicto XVI ha aceptado la renuncia al Gobierno Pastoral de la Arquidiócesis de Guadalajara, que en conformidad al Can. 401,1 del C.I.C., le presentó S.E.R. el Sr. Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, y ha nombrado nuevo Arzobispo de Guadalajara a S.E.R. el Sr. Cardenal J. Francisco Robles Ortega, hasta ahora Arzobispo de Monterrey.

La noticia fue publicada en L’Osservatore Romano, en Roma, la tarde del miércoles 7 de diciembre del 2011.

Secretaría General de la CEM




S.E.R. Cardenal José Francisco Robles Ortega
Curriculum Vitae

Nació en Mascota, Jalisco (Diócesis de Tepic), el 2 de marzo de 1949, fue el tercero de los dieciséis hijos nacidos en el hogar cristiano, formado por los señores Francisco Robles Arreola y Teresa Ortega de Robles.

Realizó sus estudios de "Humanidades" en el Seminario Menor de Autlán; de "Filosofía" en el Seminario de Guadalajara y de "Teología" en el Seminario de Zamora.

Fue ordenado presbítero el 20 de julio de 1976, en la Parroquia de Mascota, Jalisco, para la Diócesis de Autlán, por el Excmo. y Revmo. Sr. Dn. Maclovio Vázquez, Obispo de Autlán.

Después de su ordenación sacerdotal completó sus estudios en Roma donde obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana (1976-1979).

Ha desempeñado los siguientes servicios y responsabilidades pastorales:

− Vicario en la parroquia de Santa María de Guadalupe en Autlán y Prefecto de Estudios y de Disciplina del Seminario Menor de Autlán (1979-1980)
− Capellán de Religiosas (1979)
− Director Espiritual en el Seminario Menor de Autlán (1980)
− Rector del Seminario de Autlán (1980 - 1985)
− Consultor Diocesano y Presidente del Consejo Presbiteral.
− Miembro de la Comisión para la Formación Permanente del Clero y de la Comisión Diocesana para la Doctrina de la Fe.
− Vicario General de la Diócesis de Autlán (1985 - 1991)
− Promotor Diocesano para el Arte Sacro (1987)
− Asistente de la Comisión Diocesana para los Asuntos Económicos (1988)
− Profesor de Filosofía y Teología en el Seminario de Autlán.

A la muerte de su Obispo, Mons. Maclovio Vázquez Silos, en julio de 1990, fue nombrado Administrador Diocesano.

Fue nombrado por S.S. Juan Pablo II, Obispo Titular de Bossa y Auxiliar de Toluca el 30 de abril de 1991 y consagrado Obispo por S.E.R. Mons. Alfredo Torres Romero, Segundo Obispo de Toluca, el 5 de junio de 1991.

El Sínodo Diocesano estaba en marcha; de ahí que Mons. Torres le pidió que acompañara el proceso como Vicepresidente del mismo. También le encomendó continuar realizando las Visitas de Pastoral a las Parroquias de la Iglesia Particular de Toluca y que le representara en la "Visita Ad Limina Apostolorum" en el año 1994.

A la muerte de Mons. Alfredo Torres (15 de octubre de 1995), fue nombrado Administrador Diocesano.

Posteriormente, S.S. Juan Pablo II lo designó Obispo de Toluca y tomó posesión de su cargo el 15 de julio de 1996.

Fue uno de los doce elegidos, por sus hermanos del Episcopado Mexicano, para que participara en la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para América, celebrada en el Vaticano del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997.

Entre los servicios que ha prestado en la Conferencia del Episcopado Mexicano está el haber presidido el Departamento de Pastoral de Santuarios, por dos trienios. También fue Presidente de la Comisión de Educación y Cultura por un trienio y Vocal de algunas otras Comisiones episcopales.

El 25 de enero del 2003, Su Santidad Juan Pablo II, lo nombra XI Arzobispo de Monterrey, al aceptar la renuncia del Eminentísimo Señor Cardenal Don Adolfo A. Suárez Rivera.

Nombrado Presidente de la Comisión Episcopal para Vocaciones y Ministerios Pro Colegio Mexicano por dos Trienios 2004 - 2009.

El 17 de octubre de 2007, al término de la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI anunció la creación de 23 nuevos cardenales, entre ellos, a Mons. José Francisco Robles Ortega. Recibiendo el capelo cardenalicio el 24 de noviembre de 2007 en Consistorio celebrado en la Ciudad del Vaticano.

Participó en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe del 13 al 31 de mayo del 2007 en Aparecida, Brasil.

Fue nombrado miembro de la Comisión Pontificia para América Latina desde el 2008.

Es el Representante de la Iglesia Católica, a través del CELAM, ante la Organización “Líderes Religiosos por la Paz” para América Latina, a partir de julio del 2009.

Recibió la encomienda de representar a la Santa Sede en la solemne inauguración del Año Jubilar por el 40 Aniversario de la Proclamación de nuestra Señora de la Divina Providencia, Patrona nacional de Puerto Rico en noviembre del 2009.

Recibió la encomienda de representar al Santo Padre Benedicto XVI en la solemne culminación del Año Jubilar por el 375 Aniversario del hallazgo de la imagen de nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica en agosto del 2011.

El 5 de enero de 2011, Su Santidad Benedicto XVI, lo designó miembro del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Actualmente es el Presidente de la Comisión Episcopal para el Diálogo Interreligioso y Comunión en México.


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CEM
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xalapa
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lunes, 5 de diciembre de 2011

¡UN ADVIENTO QUE ANUNCIA VIDA DIGNA!



¡UN ADVIENTO QUE ANUNCIA VIDA DIGNA!
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Artículo escrito por el Pbro. Fabricio Seleno Calderón Canabal, de la Diócesis de Campeche.

El pasado domingo 27 de Noviembre iniciamos en la Iglesia un nuevo tiempo de gracia, el Adviento, que es un tiempo de espera y de preparación para la venida de Jesús, el Salvador del mundo.

Es importante que vivamos este tiempo en un ambiente de fe, unidos en oración y en la escucha orante de la Palabra de Dios, para aprovechar  este tiempo privilegiado y así fortalecer nuestra identidad cristiana: somos todos verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo en esta Iglesia de Dios que peregrina en Campeche.

En este Adviento 2011, la auténtica oración cristiana habrá de acercarnos más a Dios, a conocerlo y a amarlo más y mejor. La oración y la reflexión fiel siempre llevan a los discípulos-misioneros a construir la comunión, a transformar su realidad y a comprometerse a llevar una auténtica vida cristiana.

En México, desde hace algunos años, muchos están obstinados en buscar quien sembró la cizaña, la mala hierba; es decir, buscan al culpable de la escalada de violencia que vivimos actualmente, pero sin afanarse en buscar algún camino de solución para detener esta espiral de violencia.

Al igual que en varios países de América Latina y del Caribe, en México se está deteriorando, en la vida social, la convivencia armónica y pacífica, por el crecimiento desmesurado de la violencia, que cada día destruye más vidas humanas y llena de dolor a las familias y a la sociedad.

Algo tenemos que hacer para transformar esta realidad y reconstruir el tejido social, pues si continuamos así, en algunos años más estaremos perdidos. Tenemos que esforzarnos por construir un nuevo rostro de nuestro país, buscando la paz y no la violencia, buscando la vida y no la muerte, buscando la libertad y no la esclavitud que provoca el crimen organizado y las adicciones.

Continuar así significa creer más en la violencia que en la paz, significa aceptar todo cuanto nos propone esta sociedad de la prepotencia y de las desigualdades humillantes.

¡Qué en Cristo, nuestra paz, México tenga vida digna! Cristo vino al mundo para que todos tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn 10,10). Él nos cuenta la parábola de la humildad, para cambiar la teoría del “ojo por ojo, diente por diente”, por el “perdónanos como nosotros perdonamos” del Padrenuestro.

Cristo nació en una insignificante población, rodeado de pastores pobres y marginados, en un rústico pesebre. Después de su nacimiento, José tuvo que esconder al niño y a su Madre, María, en Egipto porque Herodes le buscaba para matarlo.

Vivió 30 años en el silencio de la vida cotidiana; durante tres años predicó la verdad más fascinante; habló del amor y la misericordia de Dios, del perdón y de la vida eterna. Toda su enseñanza quedó sintetizada en las Bienaventuranzas.

A los Doce apóstoles que esperaban marchar, como un gran ejército, hacia Jerusalén para liberar al pueblo de la dominación romana, les responde muriendo semidesnudo en una cruz.

Tres días después resucitó. Sí. ¡Resucitó! Llenando de vergüenza a los soldados romanos que no podían explicar lo sucedido. Ninguno se acordó que anunció su resurrección; ni siquiera sus discípulos.

Todos estaban convencidos que la muerte había interrumpido el camino de paz propuesto por el gran profeta Jesús. Los poderosos de la tierra pensaban que habían puesto fin a la historia de Jesús; creían que cerrando el sepulcro con una gran piedra escribían el último capítulo de esta historia. Pero no fue así.

Aquello era solo el principio. No se puede encerrar en una tumba al creador de la vida. Con la resurrección de Jesús, la luz de la vida ha roto para siempre la oscuridad de la muerte.  Al amanecer del día de la resurrección, de la tumba vacía surgió la vida y nada la detendrá.

Sin embargo, aún hoy algunos ocultan la paz, la manipulan, la desprecian, la disfrazan. Por eso es más lógico creer al ejército romano que a Magdalena y las asustadas mujeres que regresan del sepulcro.

Por eso existe un camino que va de Jerusalén a Emaús, que recorren dos hombres profundamente tristes y desilusionados. Jesús, el gran profeta en quien habían puesto sus ilusiones y sus esperanzas, está muerto. En su corazón ni siquiera cabe la posibilidad de que Jesús fuera a resucitar; para ellos todo ha terminado ya.  

Este camino es semejante al que recorre el hombre de hoy encerrado en su propia ilusión y en su egoísmo, pensando que ya nada ni nadie podrá cambiar el rostro dolorido y sufriente del México en que vivimos.

Muchos hombres y mujeres, hoy, van por el camino hacia Emaús, que es el camino de la desesperación, la desilusión, la indiferencia, la violencia, el rencor, el pesimismo, la división. «Nosotros esperábamos...» tantas cosas, pero todo sigue igual. Por eso es preferible encerrarse en el propio mundo, desentenderse de los demás y que cada uno se las arregle como pueda.

En este camino, un desconocido camina con nosotros hoy;  es un hombre de una presencia discreta que busca explicarnos el secreto de la vida. Es Jesús vivo y resucitado que se hace el encontradizo para pronunciar en nuestro interior palabras de consuelo y de aliento que vuelvan a despertar el entusiasmo y la ilusión que el miedo ha paralizado. ¿Sabremos reconocerlo los hombres y mujeres del año 2011?